Hace 24 años tienen derechos

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Reflexiones de Edilberto Noguera, coordinador del Proyecto de Auditoría Social para el cumplimiento de los derechos de niños y niñas en Colombia

Hoy 20 de noviembre se conmemoran 24 años de la Convención sobre los Derechos del Niño realizada el 20 de noviembre de 1989, que según la Unicef es el primer instrumento internacional jurídicamente vinculante que incorpora toda la gama de derechos humanos: civiles, culturales, económicos, políticos y sociales.

En 1989, los dirigentes mundiales decidieron que los niños y niñas debían tener una Convención especial destinada exclusivamente a ellos, ya que los menores de 18 años precisan de cuidados y protección especiales que los adultos no necesitan. Los dirigentes querían también asegurar que el mundo reconociera que los niños y niñas tenían también derechos humanos.

La Convención establece estos derechos en 54 artículos y tres Protocolos Facultativos. Define los derechos humanos básicos que disfrutan los niños y niñas en todas partes: el derecho a la supervivencia; al desarrollo pleno; a la protección contra influencias peligrosas, los malos tratos y la explotación; y, a la plena participación en la vida familiar, cultural y social. Los cuatro principios fundamentales de la Convención son la no discriminación; la dedicación al interés superior del niño; el derecho a la vida, la supervivencia y desarrollo; y el respeto por los puntos de vista del niño. Todos los derechos que se definen en la Convención son inherentes a la dignidad humana y el desarrollo armonioso de todos los niños y niñas. La Convención protege los derechos de la niñez al estipular pautas en materia de atención de la salud, la educación y la prestación de servicios jurídicos, civiles y sociales.

Miles de niños y niñas han nacido, crecido y muerto durante estas dos décadas de derechos y así mismo, ha habido muchos avances en su desarrollo, valoración social y protección y se han profundizado causales estructurales y culturales que han influido en que una inmensa mayoría de la población infantil no disfrute de condiciones óptimas de vida, vivan en condiciones precarias y reciban tratos inhumanos en todas las culturas del mundo.

Los derechos han sido un paradigma fundamental para promover a nivel global la dignificación y resignificación social de la infancia y la niñez, una mayor valoración de su condición humana y su ser sujeto social de derechos, pero contradictoriamente, en cuanto más derechos, mecanismos e instrumentos legales locales y globales se promulgan para su protección, más expuestos están estos a prácticas y políticas de los Estados y las culturas que los colocan en condición de vulnerabilidad y dificultan el establecimiento de una verdadera cultura de respeto a los derechos y dignidad humana de los niños, niñas y adolescentes.

Durante estos 24 años se han dado diversas tendencias, prácticas, políticas y programas locales, nacionales e internacionales, se han hecho inversiones a favor de la infancia desde los Estados, los gobiernos, las instituciones, las agencias de cooperación, las organizaciones sociales, las escuelas y sociedades; es así como en la primera década de adopción de la Convención, de 1989 a 1999, se desarrollaron acciones e iniciativas para la sensibilización e instalación en la conciencia mundial de la existencia y urgencia de los derechos de la niñez, presionar su adopción ante los Estados Partes y se crearon diversos programas y mecanismos para su aplicación. Se desarrollaron desde diversos ámbitos gubernamentales y no gubernamentales campañas e iniciativas para la difusión, la sensibilización y exigibilidad a los Estados de su aplicación.

Recuerdo muy gratamente la Campaña continental “Dar una voz a los niños es hacer Protagonismo” conocida como la campaña KIKO (siglas de “KinderKonvention” en Alemán) que desarrolló en 1993 la agencia Terre des Hommes de Alemania con sus copartes en la región Andina a 5 años de la firma de la Convención. La campaña se propuso colocar el tema del Protagonismo Infantil en las agendas de las instituciones y a la vez promover en la práctica espacios de organización infantil y de capacitación a los acompañantes/ colaboradores. Fue una campaña exitosa.

“Es necesario que cambiemos de idea: ya no hay que proteger a los niños, sino sus derechos”.
Richard Farson

En la segunda década, de 2000 a 2009, se hicieron adecuaciones legislativas en los países de los códigos de infancia, se cambiaron paradigmas en torno a la niñez y sus derechos, se intensificaron los congresos iberoamericanos por la infancia y se generó toda una corriente de opinión a favor de los derechos de la niñez, emergió el concepto y visión de los niños y las niñas como sujetos sociales, se constituyeron en nichos de consumo, y se tornaron estos en protagonistas de muchas iniciativas sociales por sus derechos y otras causas diversas.

También en este periodo los niños y niñas fueron inducidos con mayor fuerza a prácticas, fenómenos, conflictos y negocios internacionales como la explotación sexual y laboral y se instaló el marco de responsabilidad penal juvenil en toda Latinoamérica.

En la tercera década, que recién empieza, vivimos un poco de todo, los niños son sujetos y objetos, pueden participar, pero no se les permite, son buenos y malos, son capaces e inmaduros, son el futuro y son el presente, son protagonistas e invisibles, son víctimas y victimarios, son bien tratados y mal tratados, son admirados y odiados, tienen voz, pero no se les escucha ni consulta, tienen políticas públicas, pero estas no logran transformar sus condiciones de vida, son ciudadanos y son beneficiarios de programas, son la salvación y son el problema. Los niños y las niñas son el mayor indicador social y ambiental de cuán lejos están nuestras sociedades de alcanzar condiciones de desarrollo equitativo para todos y todas, porque los niños y niñas como dice Eduardo Galeano “Entre todos los rehenes del sistema, ellos son los que peor la pasan. La sociedad los exprime, los vigila, los castiga, a veces los mata: casi nunca los escucha, jamás los comprende”.

Hace apenas 24 años que los Estados Partes reconocieron que el niño y la niña, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, debe crecer en el seno de la familia en un ambiente de felicidad, amor y comprensión y tienen derechos y que en todos los países del mundo hay niños que viven en condiciones excepcionalmente difíciles y que esos niños necesitan especial consideración.

Hace apenas 24 años que los niños y las niñas del mundo tienen legalmente derechos y este tiempo que parece mucho, pero realmente es poco e insuficiente aún comparado con el largo periodo en no han tenido derechos sino deberes, no han contado porque han sido ocultados, no han sido sujetos porque han sido objetos representados por los adultos, y no han existido como categoría social.

Son 24 años de programas, de legislaciones, de promesas aplazadas a los niños y niñas, de deudas sociales y culturales con esta población que ha pasado su infancia esperando mejores tratos, oportunidades para una vida digna y el ejercicio de sus derechos, y que a cambio ha padecido en todas las culturas atropellos y violencias de todas las formas, y de los gobiernos y la mayoría de los adultos ha recibido las migajas del desarrollo con la promesa de que en el futuro al ser ciudadanos adultos verán resueltas todas sus dificultades.

Estos 24 años son una buena oportunidad para que los niños y las niñas que han sido empoderados, que están organizados, que participan, que tienen voz y conciencia de sus derechos, que se comunican globalmente y tienden puentes interculturales, que están en movimiento y que sueñan con un mundo distinto para ellos y todos, exijan a los gobiernos, las instituciones, las familias y sociedades cuentas de cuánto han hecho para proteger y hacer realidad el disfrute y ejercicio de estos derechos.

Es imperativo hacer una Auditoria Social en Derechos desde la mirada y experiencia concreta de los niños y niñas de ahora y de los que ya no lo son, los escolarizados y los que no van a las escuelas, los organizados y los que no lo están, los que viven en el campo y en las ciudades, una auditoria desde la diversidad de la cultura infantil, que convoque y articule a los adultos y organizaciones sensibles y que interpele y cuestione al modelo adulto centrista, las prácticas culturales de crianza y socialización que impiden su reconocimiento y trato como humanos, que dificulta su efectiva inclusión y participación y que los mantiene en condiciones de subordinación, marginalidad y lejos aún del disfrute pleno de sus derechos.

Es preciso hacerlo ahora, porque como dicen los niños y niñas del colectivo infantil Abriendo Caminos de Funsarep en la ciudad de Cartagena “Los niños y las niñas somos el presente, estamos aquí y ahora y en el futuro ya no seremos niños, sino adultos, Nosotros no podemos esperar el futuro porque nuestro tiempo es ahora”.

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