Nacer, crecer y morir en Chile

ley ahora

Por Álvaro Sepúlveda, hermano marista

En un gesto de suma ingenuidad republicana la señora Clara, una abuela pobladora de La Pintana, le escribió al Presidente para pedir justicia por el asesinato de su nieto,  ocurrido hace justo dos meses.

Desconoce los canales judiciales más adecuados, pero está convencida que no puede quedar impune la muerte de un niño de 15 años, a quien vio crecer, a quien acompañó tantas veces  a la parroquia del barrio donde participaba como acólito y a los scout con los que le gustaba ir de campamento.

La máxima autoridad de la nación no quedará  indiferente ante esta injusta muerte causada  porque un narcotraficante erró su víctima la noche del 7 de octubre.   Escribe su historia, adjunta los antecedentes, una foto del niño y la entrega en las dependencias de Palacio. Confiada y segura, espera.

Dos meses después nos lee con indignación y algo de dificultad la respuesta. De manera tan política como constitucionalmente correcta un funcionario de Palacio le explica la separación de los poderes del Estado:

“entendiendo los inconvenientes que provoca la situación que comenta, le informo que dichas circunstancias responden a un caso que está siendo abordado por los Tribunales de Justicia. En ese sentido, le recuerdo que dichos tribunales pertenecen al Poder Judicial… Eso significa que, el Gobierno no puede intervenir, ni pronunciarse frente a las resoluciones o causas que son llevadas por la justicia. Esperando su comprensión el particular, se despide cordialmente…”.

En una respuesta de este tipo se reflejan bien, al menos, tres actitudes:

1.La profunda falta de humanidad de un sistema incapaz de sensibilizarse ante el dolor de una mujer. Habría bastado un mínimo de buena voluntad para indicarle las instancias donde canalizar su demanda. Por ejemplo, un Programa de Representación Jurídica del SENAME.

2.La estúpida carencia de tino para relacionarse con los más sencillos. ¿O esperaban que el bufete de abogados de la familia se hiciera cargo del caso?

3.El insoportable clasismo  nacional, porque si la calle en que lo mataron hubiese sido Isidora Goyenechea en lugar de Batallón Chacabuco; o si el apellido de Carlos hubiese sido Errázuriz o Echenique en lugar de Chacón, ¿la respuesta habría sido la misma?

En una escueta carilla esta mujer  comprendió lo que significa pertenecer a un Estado que firma una Convención internacional de Derechos del Niño, pero que le da exactamente igual la muerte de un niño poblador. El único país de América Latina que aún no tiene el mínimo de voluntad política para alinear su legislación nacional creando una ley de protección integral de derechos de los niños.

Lamentablemente este niño tuvo la mala suerte de nacer, crecer y morir en un país que nunca estuvo a su altura.

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2 Responses to “Nacer, crecer y morir en Chile”

  1. VALIENTES!… HAY QUE CONVERSAR, DENUNCIAR Y BUSCAR SOLUCION A ESTAS ABERRACIONES HUMANAS QUE SON INHUMANAS..

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